Episodio 5. Primero se fue el aliento, después la ropa…
17 Septiembre, 2018

*

 

 

Fabio caminaba desdeñoso entre los coches rumbo al suyo, con la entrepierna húmeda y la conciencia alborotada, negándose a creer que fuera tan débil, tan bruto, tan animal. En esa ocasión, más que en otras, inmediatamente después de sacar la pasión del cuerpo lo invadió el arrepentimiento, junto con la necesidad de poner tierra de por medio de inmediato. Se repetía constantemente que había sido un idiota al arriesgarse de tal manera, con las cosas como estaban. Lo que más deseaba en ese momento era poder escamotear lo ocurrido, pero sabía que eso no era posible. Entonces recordó una fábula, que alguna vez escuchó de boca de uno de sus clientes:

 

“Estaba un alacrán a la orilla de un río (con el rostro de Fabio, según su propia imaginación), cuando pasó un pato nadando. —¡Oye pato! —gritó el alacrán—, ayúdame a cruzar el río, necesito ir al otro lado —el pato se mofó del arácnido diciéndole que no lo haría, pues lo conocía y sabía que podría picarlo si lo hacía—. De ninguna manera. Si te pico, me estaría haciendo daño a mí mismo —argumentó el alacrán—, por favor —le repitió—. El pato accedió a cruzarlo sopesando que tenía razón, no sería capaz de picarlo, sería un acto de estupidez. Se acercó al alacrán dejando que éste se subiera sobre su lomo. Comenzó a nadar hacia la otra orilla, a mitad del recorrido el ave sintió una dolorosa punzada, al mismo tiempo que un calor mortal comenzaba a invadir su cuerpo. No pudo nadar más, comenzó a hundirse—. ¡¿Cómo pudiste hacerlo?! ¡Ahora los dos nos ahogaremos! —le reclamó el pato al ponzoñoso traidor, quien resignado a morir a consecuencia de su debilidad, sólo alcanzó a decirle: —Lo siento, no lo pude evitar… es mi naturaleza”.

 

— Soy un alacrán, un maldito y calenturiento alacrán —sentenció Fabio, al irse subiendo a su vehículo.

La puerta fue la receptora de su coraje al ser cerrada. Cuando encendió el motor, se dio cuenta que en el limpiador de su parabrisas había una tarjeta, de color rosa. Bajó la ventana y sacó el brazo para recogerla.

Al terminar de leerla comenzó a golpear el volante con su cabeza.

—¡Mierda!, ¡mierda!, ¡mierda!

 

 

 

*

 

 

Don Eusebio Gracilaza era escoltado por un par de “ángeles” a través de los pasillos de mantenimiento del hotel para subir, sin llamar la atención, por el elevador de servicio hasta la suite presidencial, donde prácticamente estaba todo listo para su llegada. Pasaba de la media noche. Había poco movimiento, pero a pesar de eso no estaba de más el extremar precauciones. Únicamente su fiel Félix y los “ángeles” sabían tanto de su presencia como de sus motivos, lo que prácticamente significaba que nadie lo sabía. El candidato no estaba ahí.

Al ir recorriendo el pasillo de mármol pulido, que lo llevaba directamente a la suite, el corazón comenzó a bombear sangre de manera acelerada, sin embargo se mostraba sereno, dueño absoluto de la situación. No hizo falta la llave ni tocar a la puerta, ésta estaba entreabierta, lo esperaban. Una vez adentro ubicó de inmediato la botella de champagne, las copas, los condones sobre el buró y, sobre la cama, un vestido dejado al descuido, como quien se lo quita de prisa sin importarle donde cayera. La puerta del cuarto de baño estaba abierta, por arriba escapaba una tenue franja de vapor. En eso, Don Eusebio escuchó una voz conocida reclamándole en un tono melosamente cantarín:

—Te estoy esperando.

El candidato puntero a la alcaldía de la ciudad fue espoleado por la lujuria contenida durante mucho tiempo. Respondió al instante olvidándose de toda pose. En su breve trayecto hasta el cuarto de baño nada más alcanzó a sacarse la corbata, el saco, los zapatos y los pantalones.

 

 

*

 

 

Es un sentimiento raro, estar parada frente a la disyuntiva entre lo emocionalmente necesario y lo socialmente “correcto”. Con la clara idea de que uno de esos caminos ya te fastidió y te urge tomar el otro, pero sin que nadie se percate de tus pasos. Soy una maraña de contradicciones; nunca creí que fuera capaz de atreverme a sentir más y pensar menos, empero, lo estoy haciendo. Lo necesitaba. Ya sé por dónde voy a caminar, aunque aún está por verse si en el justo momento no me acobardo y me regreso corriendo. Suele pasar.

Hoy no fui al gimnasio, regresé a casa después de dejar a los niños en la escuela para arreglarme a gusto sin que nadie pudiera percatar el nerviosismo que traigo encaramado. Me puse la tanga negra, una de las nuevas chiquititas, el vestidito azul de fácil acceso que hacía años no usaba, zapatos de tacón, perfume y nada más. Inspecciono mi imagen en el espejo. ¡Me gusta!

Poco a poco, durante varios años, se fueron generando pequeños cambios, en ocasiones imperceptibles, pero que a la larga me han impuesto un derrotero totalmente diferente al que, supuestamente, había elegido.

El reloj me advierte que apenas estoy a tiempo para llegar, así que salgo de prisa, no sin antes quitarme el pudor, los prejuicios y el miedo, dejándolos en uno de los cajones del baño, debajo de las toallas.

Al cambiar los matices de mi paisaje, observando un panorama diferente frente a mí, me estoy envalentonando al tomar riesgos que nunca imaginé tomar, con el único fin de generar cambios en mi vida. Con el tiempo sabré si son positivos o negativos, pero de que son necesarios, lo son, eso es lo único que sé con certeza, pues estoy cansada de desayunar todos los días placebos de felicidad.

 

 

 

*

 

 

Instalados en la oficina de estrategias, sentados alrededor de la pequeña mesa circular donde generalmente se originaban las lluvias de ideas, Rivelino, enfundado en su papel de asesor personal (que él mismo se adjudicó después de que Fabio anunció a su primo como nuevo miembro del equipo de estrategas), compartía con Manolo detalles básicos sobre el funcionamiento de la agencia, así como algunas reflexiones propias.

—Un pene erecto carece de conciencia, sentido común, sensatez… en pocas palabras, es una estólida bestia guiada por sus instintos. Este axioma es la causa de que algunos hombres, por no decir todos, dejen huellas de sus aventuras por donde caminan, provocando un sinfín de problemas, incluso de tragedias. Pero es también gracias a esto que la agencia existe —acto seguido, giró el monitor de su portátil para que Manolo pudiera leer la lista que aparecía en pantalla, sin hacer pausa en sus observaciones—. Nosotros no sólo cuidamos, también asesoramos y hasta pensamos por nuestros clientes; les damos todo digerido y en la boca para que ellos sólo se preocupen por saciar sus necesidades. Lo que ves ahí son las reglas básicas que les proporcionamos a todos nuestros clientes, sin excepción, para que se las aprendan y asimilen por completo, haciendo de cada una de ellas un patrón de conducta. Romper con una de ellas es una estupidez que friega todo nuestro trabajo.

—¿Y si cometen la estupidez de romper alguna?

—En ese caso, nos vemos forzados a organizar un “angelazo” para sacarlos de la bronca. Créeme, esos son los más caros, más que cualquier coartada, en todos los sentidos.

—No lo dudo —Manolo se reservó el preguntar, por puro morbo, en qué consistía el mentado “angelazo”, así como la crítica a tan ridículo nombre, según su parecer, y se concentró en la lectura de las reglas.

  1. Sé discreto. Un buen amante debe ser como un buen espía.
  2. No comiences a llegar tarde, cuando no es lo acostumbrado.
  3. Controla tu temperamento, no tengas cambios bruscos de carácter. De la alegría a la tristeza y viceversa, sin motivo aparente.
  4. No descuides a tu pareja. Ten relaciones con ella, aunque pienses en la otra.
  5. No hagas regalos caros inesperados (si no acostumbras hacerlo), pues eso denota remordimientos.
  6. Cómprate otro móvil para hablar con tu amante, no ocupes el que ya tienes, no dejes de contestar el teléfono si tu amante te llega a hablar y estás delante de tu pareja. Sé creativo para colgar pronto.
  7. No te comuniques con él/ella por las redes sociales. Lo privado siempre debe mantenerse en privado. Nunca mandes ni un mensaje ni un correo electrónico comprometedor (desde tu teléfono y cuenta personal) a tu amante, son bombas de tiempo.
  8. No cambies tu apariencia normal de golpe y evita acicalarte demasiado, por lo menos no lo hagas en tu casa.
  9. Háblale por teléfono a tu pareja cuando estés de viaje de negocios, antes de que ella te hable, aunque no estés negociando nada.
  10. No dejes de besar a tu pareja en la boca, hazlo constantemente.

Regla de Oro: Mente fría en corazón ardiente. Siempre sigue al pie de la letra las instrucciones de tu Ángel Guardián… siempre.

Casi al mismo tiempo que terminó de leer, entró a la oficina Fabiola, a quien ya conocía de vista. Llevaba puesto un traje sastre color claro, que resaltaba sus curvas sugerentes, más no abundantes; cabello suelto hasta los hombros, lentes pequeños que acentuaban su aire intelectual. Tras ser presentados, con el debido protocolo, puso sobre la mesa su computadora portátil y de inmediato comenzó a leer en voz alta el perfil del cliente: aficiones, edad, relación familiar, profesión, así como sus necesidades para el próximo fin de semana.

Pasaron cuarenta minutos, en los que se logró desarrollar una eficaz estrategia para que el cliente pudiera pasar un par de días con su amante sin que su familia se enterara. Todo se hizo en voz alta, con la única intención de empapar a Manolo con el tejemaneje propio del negocio.

—Así que… —Fabiola le dio un lento trago a su café antes de leer la minuta recién tecleada en su computadora—, nuestro cliente asistirá a un congreso por dos días de productores de jitomates. Hay que llamar a su casa para confirmar su asistencia, a la hora que se encuentra su esposa y, después de haberle enviado previamente la invitación, pagaremos una inserción en el diario que ella lee anunciando el evento. Pediremos al departamento de arte y diseño una invitación, un diploma de participación, boletos usados de avión, calcomanías de viaje para su equipaje, una cajetilla de cerillos del hotel sede con el logotipo del evento y un programa, Elizabeth va a estar recibiendo las llamadas como si fuera recepcionista del congreso, por si su esposa habla. Debemos tener listo el condominio en playa donde realmente va a estar. Bueno, creo que eso es todo, por ahora —sin decir más, Fabiola dejó escapar una forzada sonrisa como preámbulo de su efímera despedida y salió apurada, como si tratara de evitar cualquier posible conversación ajena a lo laboral.

Manolo, que quedaba sorprendido ante la cantidad de ingenio, engaño y cinismo que se había desparramado en esa mesa en tan poco tiempo, se limitó a pronunciar el mismo monosílabo, quedándose en simple buena intención el levantarse para mostrar cortesía. Mientras tanto, Rivelino se puso a acomodar el archivo de un nuevo cliente al mismo tiempo que trataba de sacar conversación trivial. Manolo reconoció al cliente por una fotografía que alcanzó a observar.

—Acaba de entrar, es uno de nuestros VIP pesados y, si gana las elecciones se convertirá en nuestra mejor carta —respondió Rivelino a la muda pregunta que Manolo formuló en su mente.

En ese momento ambos vieron, a través de la pared de cristal, pasar a Pili marcando algún número en su celular. Saludó a Manolo con una sonrisa, ignorando olímpicamente a Rivelino. El teléfono de Manolo sonó.

—Tengo que salir, me surgió un compromiso importante —anunció al colgar, tomando la lista que le había dado Rivelino, prometiendo, antes de retirarse, que a su regreso concluirían con el asesoramiento.

Rivelino no dijo nada, a pesar de la parvada de malos pensamientos que cruzó en esos momentos por su cabeza, únicamente arqueó su ceja izquierda, dejando entrever su incredulidad ante las coincidencias. Sabía perfectamente que había hombres que podían soportar cualquier cosa, menos la tentación.

 

 

*

 

 

Fuera de mi costumbre insulté, mentalmente, a media docena de conductores en tan sólo unas cuadras, motivada por el empecinamiento del tráfico en devorarse el poco tiempo que tenía, antes de tener que salir como bólido para recoger a tiempo a mis hijos en la escuela. Si fuera poco, los nervios me carcomían el pecho y el estómago, hasta ataques de risa ya me habían dado entre cada coraje.

No cabe duda que me extraño a mí misma, a la mujer, a la amante que era antes; probablemente por eso, inconscientemente, puse a funcionar los complejos y ruidosos engranajes de mi mente que, desde hace unos días, no me han dejado tranquila.

Creo que siempre he creído, pero nunca admitido, hasta ahora, que uno no se porta bien únicamente por ser “buena persona”, sino porque a veces no se presentan las oportunidades para portarse mal. También he creído, esto nunca lo negué, que no siempre hay que esperar a que las oportunidades se dignen a aparecer, sino que uno mismo debe moldearlas. Por todo esto, supongo, en este momento yo misma me estoy creando la oportunidad que no se había atrevido a presentarse frente a mí en mucho tiempo.

—¡Maldito tráfico!

 

 

 

 

*

 

 

—Buenos días. ¿Se encuentra el doctor Mendizábal?

—No. ¿Quién lo busca?

—Hablamos de parte de la Asociación Nacional de Medicina, ¿es usted su esposa?

—Sí, ¿qué se le ofrece?

—Un favor, señora, ¿podría informarle a su marido que hablamos para confirmar su asistencia al congreso que se llevará a cabo este próximo fin de semana?

—¡¿Este fin de semana?!... No me había comentado nada.

—Sí, me lo imagino, nos pusimos en contacto con el doctor a última hora para que nos hiciera el favor de tomar el lugar de uno de nuestros ponentes que nos canceló sin previo aviso, quizá por eso usted no estaba enterada, pero es muy importante para nosotros la asistencia del doctor Mendizábal.

—¡Ah! ¡Oh!.. Claro, comprendo. Yo le aviso en cuanto llegue para que se comunique con ustedes.

—Muchas gracias, señora.

—Gracias a ustedes.

 

 

*

 

Fabio jugaba entre sus dedos con la tarjeta color rosa que recogió un día antes en el parabrisas de su coche. Toda la mañana estuvo pensando en el mensaje, tan sutil como un mazazo en la cabeza, que le dejaron escrito en ese pedazo de cartulina perfumada:

 

“Estimado Ángel Guardián, ha usted descuidado su retaguardia. Nos vemos mañana, en su oficina. Espéreme, no le conviene negarse.

Besos, Mariana”

 

No tenía la menor idea de quién carajos podría ser Mariana, no conocía a ninguna, inclusive buscó en su directorio de clientes alguna relación sin resultado alguno; tampoco descartó la idea de que fuera un nombre falso o la posibilidad de que fuera un fastidioso detective privado. No sería la primera vez que alguno tratara de intimidarlo, pero, había algo diferente, algo que no le gustaba, sin saber exactamente qué era. ¿Por qué lo contactaba de esa manera?, ¿por qué ahí, en el estacionamiento?, ¿cómo supo cuál era su coche?, ¿por qué en ese momento?, ¿qué sabía sobre los ángeles?, ¿qué sabría de él?, ¿qué habría visto?, ¿tendría algo que ver con lo del atentado que sufrió?… ¿Qué querría? Si se trataba de un detective era uno en verdad bueno, o alguien le había facilitado información. Las preguntas no cesaban de explotar dentro de su cabeza, como fuegos artificiales de verbena popular, cuando su teléfono celular comenzó a vibrar sobre el escritorio. Lo observó bailotear por unos segundos, antes de tomarlo para averiguar quién hablaba. Según la pequeña pantalla se trataba de Ismael Salas, uno de sus primeros y mejores clientes. Ismael Salas había recomendado a su suegro, Don Eusebio Gracilaza, para ser admitido, así que, aún a pesar de no querer hacerlo, aceptó la llamada.

—Buenas tardes, licenciado, ¿en qué puedo servirle?... ¡¿Qué dice?!... ¡¿De qué tengo que disculparlo?!... No le entiendo… ¿bueno?, ¿bueno?.

Don Ismael únicamente dijo que lo sentía mucho, que lo disculpara; en seguida colgó sin mayor explicación. Fabio marcó el número telefónico de su cliente en un acto reflejo. No respondió, al segundo intento lo hizo una grabación. La llamada, el tono de la misma, pero sobre todo la breve y explícita petición fue lo que lo intrigó sobremanera. Le pidió a Wendy que localizara, por todos los medios posibles, a Ismael Salas.

Para ese entonces ya no creía en las casualidades; posó su mirada en la tarjeta rosada dejada a un lado del teléfono.

Por celular llamó a Francisco, uno de sus ángeles más confiables, le pidió de favor que fuera de inmediato a su oficina, necesitaba pedirle algo tan complicado y peligroso como importante. Tomaría medidas de emergencia para estar preparado ante cualquier lóbrego embate deliberadamente fraguado en su contra, o en contra de la agencia.

 

 

 

*

 

Una de dos: o todos los automóviles de la ciudad conspiran en mi contra, o los nervios están ganando terreno en mi ánimo. El caso es que, en medio de un mar de coches, avanzaba más despacio que un trámite burocrático, por lo que estaba al borde de la histeria, sobre todo porque era uno de esos momentos en los que sientes más de lo que puedes soportar o describir.

En la humedad de mi entrepierna revoloteaba un sinfín de pasiones, perversiones, palabras, gemidos, caricias, sueños, sabores… que habían permanecido en letargo durante años. Hasta que este cabrón las despertó y alborotó nuevamente. Por eso me urgía verlo para que aplacara esta revolución, y el piche tráfico, inmune, a mi necesidad, se devoraba los minutos tan valiosos de los que disponía. ¡Son chingaderas!

Cuando por fin llegué al pequeño hotel donde habíamos acordado vernos, el mismo donde, hacía ya varios ayeres, estuvimos por primera vez, me detuve casi enfrente. En todo momento había pensado que sería más fácil, pero ya ahí el valor que había logrado mantener a mi lado durante todo el trayecto me abandonó; el ingrato se fue sin avisar. Me puse más nerviosa de lo que ya estaba. A punto estuve de arrancar la camioneta para salir huyendo, cuando grité como escuincla por el susto de escuchar que alguien tocaba a mi ventanilla. ¡Era él! Sonreía…

—Hola —fue todo lo que pude decir, en ese momento, pues a pesar de tanto tiempo, una vez más lograba quitarme el aliento… antes de quitarme la ropa.

 

CONTINUARÁ....

 

 

Fragmento de la novela Angels Inc. Prohibida su reproducción total o parcial. Número de registro: 03-2007-082412021500-01

 



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Una vez más…
Episodio 10. Siento más de lo que puedo confesar…
Episodio 9. Tranquila Desesperación…
Episodio 8. Simplemente… Sucedimos
Episodio 7. Afortunadamente, la vida no es justa…
Episodio 6. Salud… Por nuestros Secretos
Episodio 5. Primero se fue el aliento, después la ropa…
Episodio 4.Cuando un orgasmo se escapa…
Episodio 3.Esperando el impacto…


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