#UNMUNDORARO

Somos lo que vivimos…

Singular sensación, esa de descubrirte observad@ por ti mism@ y, no saber dónde esconderte…

Caminas despacito, con altanería, como si no tuvieras interés en interesarte en todo aquello que no te interesa, como si ahora fuera el tiempo el que se preocupa por no perderte.

Soberbia, muchos lo dicen. Precaución, pocos lo saben.

Y al ver tu reacción te preguntas a ti mism@, repetidamente, una y otra vez, porque no hay respuesta, porque te haces pendej@ para no contestarte, al mismo tiempo que te cuestionas por qué te andas preguntando, si se suponía que ya habías entendido que, si sabes que la respuesta no te va a gustar, debes de omitir la pregunta.

Aceleras el paso pero te frenas de golpe, pues frente a ti pasan todos tus pensamientos, corren desordenadamente, empujándose, se siguen de largo y ni siquiera te saludan.

Continúas, con gesto de no sé, no vi, me vale madres. Das vuelta en la esquina, te topas cara a cara con Doña Prudencia, quien te reclama por los sentimientos que has dejado salir a jugar sin permiso alguno. Estás entre el respirar profundo o mandar a la chingada.

Respiras… Sigues caminando.

Tus pasos te llevan, te guían, porque tú ya no lo haces, tú no vas a ninguna parte, sólo escapas, sólo esquivas, mirando atrás, sin soltar, por eso no te das cuenta cómo, pero llegas, al lugar que más miedo te da… Al Cementerio de las Promesas sin Cumplir.

Recorres tus miedos entre lápidas frías, entre sentimientos moribundos, entre sueños enterrados. Un escalofrío recorre tu espalda, te conviertes en tu propio silencio incómodo, cuando descubres que unas flores se marchitan, sobre una tumba sin nombre…

Somos lo que vivimos y lo que dejamos morir.

Todos los días son el día menos pensado, cada momento es el momento adecuado, para que, si tú quieres, cambies tu historia…

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