#UNMUNDORARO

Por si te acuerdas…

El aire está cargado de humedad y de nostalgia. La brisa fría, tímida, aparece, besa nuestras mejillas, se va, regresa, juega con nosotros. Junto a mí, un recuerdo imprudente, de esos que llegan cuando tú no estás, bebe una copa de vino a mi salud y a mi cuenta.

Vanos han sido todos mis intentos de persuadirlo para que se marche, es más, lo veo bastante cómodo, a pesar de que sabe (porque se lo he hecho saber) que su presencia es un atentado a la efímera tranquilidad que he reconstruido concienzudamente.  Se comporta despreocupado, portando una desfachatez altanera, como si estuviera en su casa.

Sin duda ya me agarró confianza, incluso, juzgando por su apego y cordialidad, me aventuro a declarar que siente cariño por mi… Y, siendo sincero, creo que el afecto es mutuo, es más, ya me acostumbré a su latosa compañía, así como a la constante intranquilidad que debo camuflar diariamente para que nadie note su presencia.

Pero a pesar de la imprudente, desgastante y, en ocasiones, ridícula rutina de sobrevivencia emocional en la que este insufrible recuerdo me atrapa, es justo mencionar a su favor, que este posee una mejor versión de nosotros, o por lo menos de mi contigo, que la versión que ostenta la cruel e insensible realidad.

Así que, por un momento, dejo de atosigarlo con que se retire, es más, lleno nuevamente su copa, lo abrazo, disfruto de su compañía y, juntos, brindamos por ti, por tu ausencia, por una promesa sin cumplir, por un encuentro pendiente…

No sé si fue entre un brindis al otro, o de una confidencia a la otra, pero el caso es que, sin darme cuenta en qué momento ni por dónde, varios recuerdos más aparecieron, se sirvieron y se acomodaron entre nosotros…

Al terminarnos la botella, justo cuando la luna se sumaba a la reunión en tu honor improvisada, volví a darme cuenta que cuando más sobrio me he sentido es cuando estuve embriagado con el sudor de tu cuerpo.

Salud… Por si te acuerdas.

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