#UNMUNDORARO

No sabes nada del amor…

Desnudo, sobre una cama que no era suya, con el alma zarandeada y el cuerpo exhausto tras un furtivo encuentro de pasión salvaje, observaba, aletargado, como las gotas de lluvia que se habían estrellado contra la ventana (así como él contra la realidad), resbalaban torpemente por el cristal.

Sentía todo; el dolor, el cansancio, el vacío, la ausencia. Escuchaba todo; sus latidos, la regadera, el perro ladrando, el avión pasando.

Hay heridas que se remiendan con hilo fino de complicidad y, en un acto desesperado de supervivencia, deseo, desvistió, gozó a su amante que, en realidad, era la compañera de otro.

Se metió en su cuerpo con la misma desfachatez con la que Ella se metía en su mente, pero no ella, que en ese momento bajo una lluvia artificial borraba las huellas de su aventura, sino Ella… Quien, sin pedir nada, todo se llevó.

Por un eterno instante evocó aquellos días en los que la Locura y la Magia eran quienes dictaban la agenda mientras la vida misma, y el paso efímero por ella, justificaba todas sus travesuras, sus escapadas, su amor, su lujuria, su complicidad…Todo.

El tiempo no te enseña a ser fuerte, te obliga a serlo. Se dijo a sí mismo, antes de levantarse para recoger su ropa que había quedado desperdigada por la habitación, así como lanzar debajo de la cama, como cuando escondes el polvo al barrer, la nostalgia y el arrepentimiento que había estado vomitando cuando se dio cuenta que había una caja repleta de sentimientos caducados bloqueando la entrada a su corazón.

La puerta del baño se abrió de golpe, su compinche sexual salió apurada. Al verlo al natural con su ropa en las manos le recomendó que se duchara rápido, le recordó que tenían que marcharse a la brevedad, le dio una nalgada para apurarlo, le mandó un beso tronado cuando él, ya adentro, cerraba la puerta del baño, esbozando una sonrisa de utilería.

Depuso su ropa sobre el escusado, dejó correr el agua caliente mientras dibujaba unas iniciales en el enorme espejo empañado que tenía enfrente.

―No sabes nada del Amor, hasta que no tengas que renunciar a uno…― balbuceó. Borró con la palma de la mano las letras, miró su reflejo, suspiró, se metió a la ducha. Se quedó ahí por un largo rato.

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8 Respuestas

  1. Tuve la fortuna de leer uno de tus libros y de conocerte como persona y espero con ansias leer otro… Tienes la capacidad de dejar a las personas queriendo más… Gracias 😉

  2. Me encanto lo que haz plasmado en este texto.
    Muchos hablan del amor pero muy pocos somos capaces de renunciar a él.
    Y es un dolor que nunca se va. Se aprende a vivir con el, con el tiempo duele menos pero es ese amor que nos hace recordar que nadie muere de amor pero muere parte de una ilusión de la persona que dejó ir a su primer amor

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El ambiente estaba cargado de salaz complicidad e impregnado del ventajoso anonimato de la muchedumbre, un complot pasional se sazonaba a gusto y beneficio de los amantes que, ante la vista de todos los invitados no eran nada, pero, a solas, eran todo.