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Hablemos de censura, José Pumarino escritor.

Hablemos de censura…

Cuando tienes la osadía de adentrarte en el ejercicio de la literatura es inevitable exponerse a las garras de la censura y la crítica. Escribas bien o mal, no te puedes escapar de estas bestias, porque si no pueden destrozar el mensaje, se van a la yugular del mensajero.

Si, por respeto a ustedes, y para que lectura sea un acto de hedonismo puro, uno como escritor debe de cuidar aspectos de estructura, ortografía, redacción, etc. Pero sólo como herramientas para trasmitir de manera digerible y precisa tanto las ideas como los sentimientos. Me niego a utilizar el lenguaje como un instrumento de auto-veneración, sabotaje o máscara de erudición.

Es de la fregada escribir con faltas de ortografía, pero es peor escribir con falta de sentimiento.

Siempre he sostenido que libertad de expresión es la expresión básica de la libertad. Y aquí en corto, les confieso que nunca he sentido “compromiso” alguno con el gremio literario, ni con las letras, ni el lenguaje. Mi compromiso es sólo con ustedes, quienes me leen, y con las emociones y pasiones que mis letras les despiertan.

Creo que la mente es como los paracaídas, funcionan si los abres, si no, valen para pura madre.

Creo que es más doloroso el silencio de los oprimidos, que el grito de los opresores.

Creo que si nos detuviéramos a discutir con cuanto perro nos ladra en el camino, nunca llegaríamos a nuestro destino.

Creo que destruir es, por mucho, más fácil que construir…

Me duele y avergüenza que hoy en día aún exista gente que se espanta con palabras como coger, mamar, meter, orgasmo, pero, sin embargo, tolera y es indiferente a palabras como hambre, injusticia, corrupción, guerra. La doble moral todavía tiene un lugar preponderante en el código genético de mucha gente a la que le da más miedo vivir, que matar.

Las palabras pueden ser un bálsamo para el alma, un acicate para el espíritu, o una cuchillada para el corazón.

La ignorancia es más ofensiva que cualquier obra literaria.

Daña más reprimir los sentimientos que compartirlos.

Es más peligrosa la censura, que el libre pensamiento.

Mientras ustedes sigan leyendo, sintiendo y disfrutando, yo seguiré escribiendo, compartiendo. 

Y leamos, escribamos, hablemos de censura, de política, de religión, de sexo… Pero hagámoslo, sin miedo.

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