#UNMUNDORARO

En la caja equivocada…

Al escribir, siempre se quedan más cachos de corazón en el borrador que en el original, por lo que lamento confesarles que, hasta la fecha, lo que escribo aún no logra estar a la altura de lo que siento.

Sí, siento más de lo que logro compartir y en mis batallas internas el corazón siempre la gana a la razón, lo que me coloca en un sin fin de situaciones en las que luego siento que no encajo en este mundo y otras tantas en las que, simplemente, no encajo.

Nadie puede escapar de su propia personalidad, créanme que lo he intentado. Al igual que he intentado ponerle más atención a esa voz en mi interior que siempre me advierte cuando voy a cometer un acto deliberado de osada estupidez, pero el problema es que carece totalmente de poder de convencimiento.

El dolor que se esconde siempre es el más doloroso, pero también es al que más ventaja le sacas, ya que las letras más intensas resultan siempre de un desequilibrio mental, una libido inflamada o un corazón maltratado.

Sin duda alguna, todo sería más sencillo si tan sólo pudiera aceptar los derroteros trazados previamente por arquitectos extraños a mi vida, pero no puedo. Me siento ajeno a ellos, intruso, falso, simplemente no son míos, aunque estén frente a mí. Por eso trazó mis caminos, construyo mis puentes. No sigo huellas, procuro dejar las mías. Es más complicado, caro, doloroso, pero la virtud no se encuentra en la prudencia, sino en el riesgo… Y vivir, es el riesgo más grande de todos.

Confieso que hay muchos errores que me gustaría más repetirlos que corregirlos, así como confieso que soy estúpidamente emocional, vulnerablemente sentimental e incongruentemente humano. Aun así, asumo como una obligación el creer que somos piezas que encajan perfectamente en un extraordinario rompecabezas universal, la bronca es que, al parecer… Estoy en la caja equivocada.

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