#UNMUNDORARO

Apenas comienza…

Salgo del elevador y me recibe un pasillo en penumbras, silencioso, cómplice. Lo recorro con la prudencia tomada de una mano y la locura en la otra, a sabiendas de que ella me espera, a pesar de que casi todos se han marchado del edificio.

Mi excusa para visitarla a esa hora era tan absurda como la idea de que se la hubiera creído, pero a final de cuentas, era simplemente eso, una excusa, lo que es cierto, es que necesito verla, el cuerpo entero me lo exige a gritos.

Toco a la puerta de su oficina, escucho movimiento discreto… ¿Risas?

-Hola-   Saluda sonriendo al abrir, invitándome a pasar.

Al besarla en la mejilla percibo su perfume, mi libido reacciona. El ambiente está impregnado de intenciones lascivas a punto de suceder.

-¿Estás sola?- Pregunto con un dejo de morbosidad.

Por respuesta cierra la puerta y camina rumbo al área de diseño. La sigo. Al parecer, estamos solos. Lleva puesta una diminuta falda que provoca que mi imaginación se desboque. La luz es tenue, hay dos monitores encendidos. Se detiene frente a la mesa que está en medio de la habitación, en la cual descansa el trabajo que, supuestamente, iba yo a buscar. Mientras ella lo acomoda, paseo mi mano por su cabello, su espalda. Su silencio invita. La tomo por la cintura y pego mi cuerpo al de ella, para que se dé cuenta que lo ha despertado. Una de mis manos la toma sutilmente por delante de su cuello, mientras la otra desaparece debajo de su falda. No trae ropa interior. La pasión comienza a tejer una red con la que me atrapa sin problema alguno.

La beso, comienzo con sus labios, desesperado, con fuerza, destrozando todos sus prejuicios, sigo con su cuello, sus hombros. Le quito la camisa para que mis labios se regocijen en su espalda. Jalo su cabello, estrujo sus nalgas, beso, chupo, lamo sus pechos sin recato alguno. Percibo su cuerpo impregnarse de deseo. La cargo y la siento en la mesa, bajo, despacio, sin dejar un centímetro de su piel sin mi marca, abro sus piernas, mordisqueo, beso y acaricio sus muslos, mi legua encuentra su sexo, húmedo, tibio y con ella dibujo su nombre, letra por letra, degustando su tibia humedad, por ratos lenta y profundamente, por ratos con ansias de devorarla completita, mis dedos se unen a la fiesta. La escucho gemir mientras cada caricia obtiene su respuesta

Me levanto, bajo la guardia y ella me baja el pantalón, liberando mi miembro endurecido, ansioso, altivo. Lo acaricia con descaro, lo deja tembloroso, con ganas de penetrarla, pero no me deja hacerlo, hasta que ella me lo pide, casi suplicando, al oído, lo toma de nuevo e introduce a su cuerpo. Aprieto sus nalgas, jalo su cabello, muerdo su boca, chupo sus pezones, sin dejar de metérsela, hasta el fondo, con fuerza, con un ritmo frenético. Viéndola fijamente a los ojos, escuchando sus gemidos… Me empuja, se baja de la mesa y se arrodilla frente a mí, sus manos se van a mis nalgas, las mías se esconden entre su cabello y mi miembro desaparece entre sus labios… Justo en ese momento, me doy cuenta que no estamos solos, desde el quicio de la puerta, asomada descaradamente, está su hermana, devorando con la mirada. Miro que se miran entre ellas, ya también sabe que no estamos solos… Iluso, desde el principio ella lo sabía.

Los tres intercambiamos miradas, mientras nuestra observadora se toca sutilmente por encima de su ropa, sin dejar de mirar como su hermana se atraganta de mí.

Mi amante desprende su boca de mi sexo, dejándolo embrutecido, ensalivado, hambriento…  Me masturba con frenesí y, con una sonrisa, la invita.

Camina despacio, segura, como la demencia. Se postra a su lado, ella le sede el lugar y, con mayor ímpetu, llena su boca con mi hombría. Y mientras mi miembro es presa de una salaz embestida por parte de unos labios, manos y lengua que no conocía, logro ver como ella, sentada en su silla de trabajo, con la mirada extasiada, se masturba alucinante, contemplado la escena.

Me excita que se excite, disfruto que lo disfrute.

Y, lo mejor de todo, es que la noche apenas comienza…

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3 Respuestas

  1. Me hiciste recordar algo parecido con la unica diferencia que no habia terceros, solo eramos el y yo los besos, las miradas, la manera de tocar,la intencidad 👍 me gusto. buen relato y un buen recuerdo…

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El ambiente estaba cargado de salaz complicidad e impregnado del ventajoso anonimato de la muchedumbre, un complot pasional se sazonaba a gusto y beneficio de los amantes que, ante la vista de todos los invitados no eran nada, pero, a solas, eran todo.